Hace algunos años, durante ese periodo que llaman adolescencia, mientras mis compañeras de clase se preocupaban por el color de su barra de labios o por insultar a los raros/as del cole, yo tuve una idea. Un deseo, un sueño, un pensamiento… totalmente contrario al resto. A diferencia de mis compañeros, no sabía qué quería ser de mayor (o si lo sabía, pero era demasiado complicado) y eso me hacía sentir diferente. Por eso decidí que de mayor quería ser: voluntaria en algún lugar conflictivo del mundo. Sí sí, nada más y nada menos. Como una misionera pero sin religión (eso al menos lo tenía claro). Quería dedicar mi vida a la vida de los demás. Irme a algún lugar en guerra (Bosnia, Sierra leona, El Golfo Pérsico…) donde necesitaran ayuda. En ese momento, además del problema que se les presentaba a mis padres por tener otra hija loca (la primera ya no tenía remedio), surgieron varias dudas. En primer lugar, yo no quería hacerme militar de los cascos azules ni nada parecido. Barajé la posibilidad pero pasé, era demasiado complicado y no daría la altura mínima. En segundo lugar, podía hacerme monja misionera. Pero como he dicho antes, estaba loca pero no tanto. Ese punto lo tenía bastante claro. Además, yo sólo era una estudiante de BUP, sin conocimientos de medicina, biología, arquitectura, defensa… o sea, no tenía ningún valor que aportar a todos aquellos países que pedían mi ayuda a gritos. No sabía idiomas, no era profesora, ni enfermera, ni abogada, ni fotógrafa, ni periodista… No serviría de nada allí!! Pero yo tenía la necesidad de sentir que formaba parte de algo y que mi vida no pasaría sin haber significado algo para alguien. Quería luchar frente a las injusticias del mundo y para esas personas inocentes que se veían obligadas a huir de sus hogares porque sus gobernantes lo habían decidido. No quería ver más niños con armas, ni niñas embarazadas de sus violadores. No quería ver más bebés llenos de insectos y con las barrigas llenas de nada. No quería ver como ciudades anteriormente olímpicas, se destruían ante las bombas y quedaban en cenizas por el fuego de sus invasores. No quería quedarme sentada en el sofá frente al televisor sin hacer nada… Pasaron los años y encontré algo que ser de mayor. Y ahora que soy un poco más mayor, sin proponérmelo y sin quererlo, la vida me ha llevado a pensar en aquella idea, aquel deseo o pensamiento. Y me doy cuenta que sin haberlo pretendido, estoy haciendo algo por los demás. He vuelto a tener ese lapsus solidario que creo que todos, alguna vez al menos en la vida, debemos tener. Se me ha puesto delante de mis narices la posibilidad de, ser de ser de mayor, lo que quería ser de pequeña.

Comments (3)

On 1:42 p. m. , alex dijo...

Has visto la luz?
Te vas a meter a monja?

 
On 3:10 p. m. , Norma dijo...

jajaja que gracioso...

 
On 3:34 p. m. , ilia dijo...

explica, explica!