... es lo que siento cuando escucho a Quique, a Quique González. Es un algo raro que me recorre cada uno de los rincones de mi cuerpo, de mi ser. Se me pone la piel de gallina y en el pecho se me forma un nudo que tan solo se deshace con una simple lágrima que nace de mis ojos. Canciones como "Se nos iba la vida", "El Rompeolas", "Salitre", "Kamikazes enamorados", Flores y piedras" y mil canciones más de Quique que, aún estando con un buen estado de ánimo, feliz y positiva, me hace caer por un momento en una profunda nostalgia, melancolía y desgarroso dolor del que sólo salgo cuando termina la canción. Y de todas formas me encanta, aunque a veces haya sido y sea del todo contraproducente para mi corazón. Hay gente para las que sus canciones son de buen rollo, otras para las que les es indiferente pero para mi... Sólo las suyas y las de mi niño, me hacen sentir así.

Esta tarde, cotilleando por Al caer el Sol en casa, con una copa de vino tinto en la mano y un poco de foie (no creáis que esto ocurre cada domingo) he visto que había publicado una canción de Quique Gonzáles, una que me encanta y que hacía mucho que no escuchaba... y como ya la había puesto mil veces en mi blog os pongo esta maravilla, porque me gusta, porque el vino me afecta y porque simplemente, todo el mundo deberíaa conocerla.

Comments (1)

On 6:38 p. m. , The root dijo...

Tremenda!