Dentro de mi urna musical, paseo por las calles de Barcelona. El cielo es muy gris y las nubes están tan bajas que parece que las gotas de lluvia nos envuelvan sin llegar a rozar el suelo. Hace muchos meses que empezó este triste y frío, extraño e inusual invierno. El sol lucha con intensos esfuerzos por hacerse ver, por colarse entre las grietas pero, vencido una vez más por las nubes, se refugia detrás de ellas. A veces pienso que ellas, este inverno han podido con todos. Camino casi levitando, dejándome llevar por la inercia sin sentir casi el suelo bajo mis pies. Dentro de esta cárcel rosa que siempre llevo conmigo y me tiene atrapada, bailo al ritmo de las notas que resuenan a todo volumen en mis oídos... y me fijo en las caras de la gente. No puedo oír lo que dicen, ero la expresión de sus caras, sus manos, su manera de caminar...me lo dicen todo. Observo también las personas que les acompañan, la actitud que tienen las unas frente a las otras: si les escuchan o no, si no pueden hablar o no quieren, si están de acuero, difieren... Miro las personas que, delante de un escaparate, dejan volar sus sueños. Su imaginación les lleva allá donde quiera que sea pero siempre con eso que está tras el cristal. Se imaginan vestidas de novias; paseando con esos zapatos cual Cenicienta; ese sofá quedaría precioso en nuestro piso; ese trenecito es idéntico al de mi infancia; ¿Le gustará ese anillo? Y durante ese breve instante, la vida y el mundo se detienen. El universo deja de funcionar por un momento para que ellos puedan ser felices al menos, en ese breve espacio de tiempo tras del cistal.

Comments (2)

On 10:32 p. m. , Bego dijo...

A mi también me encanta imaginar qué piensan, qué sienten, que dicen las gentes con las que me cruzo en el metro, la acera o en el bar. ¡Resulta tan entretenido imaginar!

 
On 10:46 p. m. , Norma dijo...

No es en plan marujil, porque en realidad te importa poo cual es su vida en realidad... ellos son la excusa para crear vidas, historias...