A mi viejo amigo quiero decirle desde aquí, allá donde vaya y allá donde se encuentre que nunca, nunca le olvidaré. Hemos compartido momentos maravillosos pero también momentos muy duros y complicados en los que él siempre se ha sentado a mi lado dispuesto a escucharme y secar mis lágrimas. Nos conocimos hace más de doce años, cuando yo era tan solo una preadolescente que se sentía sola y necesitaba compañía y él era muy joven pero sabía lo que era buscarse el pan de cada día. Es cierto eso que dicen que a los mejores amigos no los elijes tú si no que son ellos quiénes te escogen. Y a lo largo de todos estos años hemos discutido mucho, por supuesto como cualqueir buena amistad que se precie, porque no siempre hemos querido tirar hacia el mismo camino pero siempre, de alguna manera, nos hemos encontrado en un punto intermedio. Ha vivido en muchos lugares y también ha viajado y aunque a en ocasiones no ha hecho las cosas bien, siempre le he acabado perdonando. También dicen que cuanto más dura es la vida que te ha tocado vivir, más fuerte eres y más capaz de superar las adversidades, por eso mi viejo amigo por muy enfermo que haya estado o por muchas escaleras que haya tenido que subir, las ha terminado subiendo siempre. Aunque fuera con la lengua fuera. Yo le quiero y le querré siempre como a un hermano pues siempre me ha tratado como tal. Yo nunca fui la líder de la manada pero qué divertido era cuando jugábamos a mordernos en el suelo y él siempre podía conmigo, claro. A lo largo de su vida han pasado muchas personas que han sido amigas suyas y le han querido y tratado bien. Pero de todas ellas hay una en especial. Alguien que será justo quién le diga adiós, quién se despida por todos nosotros y quién el acaricie el lomo por última vez.

Hasta siempre mi viejo amigo.

Comments (1)

On 7:18 a. m. , Bego dijo...

hay amores incondicionales que no siempre cuidamos lo suficiente, que no tenemos en cuenta muchas veces,hay amores...