Hay personas que nacen, crecen, viven y mueren en el mismo sitio, sin moverse demasiado o practicamente nada. Rodeadas siempre de la misma gente, de las mismas calles, del mismo entorno. Sus vidas están controladas o al menos aparentemente y saben que hay cosas, lugares y personas que siempre estarán ahí y que nunca les fallarán porque ellos tampoco cambiarán nunca.

Por otro lado, hay personas cuyas vidas están llenas de cambios, de ideas, venidas y traslados. Siempre conociendo gente nueva, buscando un lugar mejor en el que estar, situándose en ese nuevo lugar. Son vidas con muchos altibajos que a veces te dan satisfacciones y otras veces son baches tan hondos de los que a veces les cuesta recuperarse. Y además, cuantos más cambios realizan menos miedo tienen de volver a hacerlo porque ya saben lo que se siente. Es gente sin embargo que, a pesar de las vueltas que dan sus vidas, saben que siempre tendrán personas que por muy lejos que estén o por mucho tiempo que pase, siempre estáran ahí. Y lo más importante, por muchas vueltas que den, nunca pierden de vista el lugar del que partieron y su brújula, siempre les indicará el camino de vuelta casa.

Y no es que hayan personas mejores ni peores ni estilos de vida más correctos que otros. De hecho, seguro que en los dos casos se echa de menos en algún momento algo del otro. Pero en mi vida he conocido personas que su vida nunca cambiará o lo hará muy poco y otras cuya existencia está en contínuo movimiento y sin saber porqué (o sí) me quedo con aquellas que aunque estén muy lejos y nunca sepa muy bien dónde van a parar, siento su cariño tan cerca como si las viera cada día. Mucho más incluso que si las viera cada día...

Quién te lo iba a decir o quién me lo iba a decir a mi hace unos años que ahora tu te volverías a ir y que ya me habría ido. Parece ser que estamos predestinadas a no poder estar más de cierto tiempo juntas. Pero piensa esto: tal vez sólo así somos capaces de desarrollar la telepatía que hay entre nosotras.

Mucha suerte en tu nueva parada y sigue disfrutando como siempre lo has hecho, del camino que estás trazando.


Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de peripecias, lleno de experiencias.
No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni la cólera del airado Posidón.
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo...

Konstantínos Kaváfis (Ítaca)

Comments (1)

On 8:57 a. m. , Bego dijo...

Por mucho que me mueva o cambie de vivienda, mi corazón siempre está en el mismo sitio, con mi gente. Hay una canción de Mercedes Sosa que dice "Cambia, todo cambia [...] Pero no cambia mi amor
Por mas lejo que me encuentre
Ni el recuerdo ni el dolor
De mi pueblo y de mi gente

Lo que cambió ayer
Tendrá que cambiar mañana
Así como cambio yo
En esta tierra lejana"

Pues eso, tu siempre sabrás donde estoy, y siempre será a tu lado.